Empecemos desde el principio…

Año 2007, último de la secundaria. ¿Me siguen?

En un error de cálculo, o gusto, o lo que sea, me decidí por estudiar medicina.

Que loco, ¿no? Como si a los 18 años supieras lo que querés hacer por el resto de tu vida.

Tengo 28 y todavía no lo tengo del todo claro…

El tema es que, empecé la facultad en el año 2008. Todo iba perfecto hasta que después del PRIMER mes, surgió el comentario que me hizo despertar: “Esto pasa rápido, chicos. El estudio, digo…Ustedes tienen que verse en un futuro como profesionales de la salud”. Algo empezó a hacerme ruido en la cabeza y me di cuenta que no me veía a mí misma en una situación así: esperando pacientes, atendiendo a la gente y menos salvándolos de la muerte. No voy a negar que fue una decisión bastante difícil de tomar. Imagínate que tuve que volver a casa, en colectivo, y decirle a mis padres que no iba a ser médica y que no sabría que hacer de mi vida. What a dress?! Digo, what a mess?!

Volviendo a mi pueblo, con un vacío existencial, después de haber ido hasta el rio caminando y haber llorado a moco tendido pensaba: que desilusión hacia mí misma. Todos mis amigos habían encontrado, de alguna manera u otra, algo que hacer con sus vidas. Yo estaba ahí, esperando que de algún lugar me llegara una señal sobre lo que quería ser.

Los meses pasaron y yo seguí en el mismo lugar. Trabajaba para un correo privado repartiendo resúmenes de cuenta, ayudaba a mis abuelos en la librería y a mi mama en el gimnasio, y los sábados hacia promociones en el boliche de mi pueblo (todavía me pregunto por qué, siendo que siempre me pareció patético eso).

A los 6 meses aproximadamente, conocí a un chico con el que nos pusimos de novios al poco tiempo.

Aproveché ese año para rendir el FCE y un día, leyendo el diario en la sección de empleo vi algo que cambiaría mi vida para siempre…

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